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Pedro & Abneris Ortiz

Pedro & Abneris Ortiz

by Jackie Reid-Dettloff, photograph by Peter DiAntoni, translation by Maria Rivera
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Talk to Pedro or Abneris Ortiz about Puerto Rico and you will see their eyes light up. They remember their grandparents’ farm where they used to play outside all year round, often staying out past dark and heading home under the stars. They remember how their grandparents grew oranges, bananas, coconuts, plantains, avocados, strawberries and mangoes on their small parcel of land. Pedro remembers open spaces where he could throw rocks and sticks freely without hurting anybody. Abneris says she always helped with chores, even when she was only 3 years old. She’d love to go back home. Every week she talks to her grandma in Mayaguez, a beach town in the southwest corner of Puerto Rico famous for its tropical scenery. A far cry from Milwaukee!

But here they are in Riverwest, living near the corner of Fratney and Clarke and adapting to life in our city. Their mother, Odalis, came up to Milwaukee three years ago seeking medical care for Pedro, whose hearing is impaired. She hoped the hospitals here would be better than those in Puerto Rico. At 10, Pedro is in 4th grade at La Escuela Fratney, where he gets help in speech and learning English. He chooses not to attend Fratney’s after-school program because, as he puts it, he has so many other things to do. Besides doing his homework, he likes to play basketball at the Pierce School playground and help out at the Riverwest Coop. His specialty at the store is putting on labels.

At 12, Abneris is in the 6th grade at Lincoln Middle School and is proud of all the progress she’s made in learning English. She likes to volunteer at the Coop where she gets to work at the computerized cash register. She and Pedro have the distinction of being the youngest of the Coop’s volunteers.

Both Pedro and Abneris have listened well to their parents and learned from their own experience how to be street savvy. They know the streets of our neighborhood as many adults do not. On their own, they’ve checked out the Spanish services at St. Casimir’s. They play at Gordon Park and Snails Crossing in the summer but they tend to avoid Holton Street. They think it can be dangerous there, but overall they say that Riverwest is not so gang-infested as the south side. Pedro has a rule for himself that if he meets any tough-looking kids, it’s best if he faces them and does not turn his back to run away. Abneris’s rule is that she needs to really know what a person is like before she gets to be friends. She’s not going to make friends with just anybody.

One big event for them was the fire that broke out in their building in early September. Their mom was at work and their stepfather, Luis, and the rest of the household were sleeping in their second floor apartment. It was barely six o’clock that morning when the neighbors started shouting. Abneris jumped from the back bedroom window into the arms of a neighbor, while Pedro jumped onto a mattress that another neighbor had set out. He landed safely but still has a scar where a shard from an exploding window grazed his bare chest. All this before the firefighters arrived! To hear Pedro and Abneris tell the story, it was a case of neighbors to the rescue.

One good thing that came out of the fire was that their family got to know their neighbors. Pedro and Abneris made friends with Patrick and Sativa on Clarke Street, and now they often help take care of the children, Bodhi Satva and Ravi. Pedro and Abneris might be a long way from the tropical island where they were born, but they come from a strong family network and they, like countless immigrant children before them, are making a new life for themselves in these industrialized northern streets.

Translation

Hable con Pedro o Abneris Ortiz acerca de Puerto Rico y usted verá que sus ojos se iluminan. Ellos recuerdan la finca de sus abuelos donde jugaban afuera durante todo el año, a menudo quedandose afuera hasta el anochecer y volviendo a casa bajo las estrellas. Ellos recuerdan que sus abuelos cultivaban chinas, guineos, cocos, platanos, aguacates, fresas y mangoses en su pequeño terreno. Pedro recuerda los espacios abiertos donde él podía tirar piedras y palos libremente sin golpear a nadie. Abneris dice que ella siempre ayudaba con los quehaceres de la finca, aún cuando ella tenía solo 3 años de edad. Ella adoraría regresar a la casa. Cada semana habla con su abuelita en Mayaguez, un pueblo en el rincón del sudoeste de Puerto Rico conocido por su paisaje tropical. ¡Muy distinto a Milwaukee!

Pero aquí ellos viven en Riverwest cerca de la esquina de Fratney y Clarke, adaptandose a la vida en nuestra ciudad. Su madre vino a Milwaukee hace 3 años buscando el cuidado médico para Pedro, quien tiene problemas auditivos. Ella esperaba que los hospitales de aquí fueran mejores que los de Puerto Rico. A los 10 años, Pedro está en 4to grado en La Escuela Fratney, donde el obtiene ayuda en el habla y en aprender inglés. El decidió no asistir a programas de después de escuela de Fratney porque, según él, tiene muchas otras cosas que hacer. Además de hacer sus asignaciones, él quiere jugar baloncesto en el patio de La Escuela Pierce y ayuda en la Cooperativa de Riverwest. Su especialidad en la tienda es pegar etiquetas. A los 12 años, Abneris está en 6to grado en La Escuela Intermedia Lincoln y está orgullosa de todo el progreso que ha hecho en aprender inglés. A ella le gusta ser voluntaria en la Cooperativa donde la dejan trabajar en la caja registradora computarizada. Ella y Pedro tienen la distinción de ser los voluntarios más jovenes de la Cooperativa.

Tanto Pedro como Abneris han escuchado bien a sus padres y aprendido de su propia experiencia como cuidarse en las calles. Ellos conocen las calles del vecindario como muchos adultos no. Ellos mismos asisten a veces a la misa en español de la iglesia San Casimiro. Juegan en los parques Gordon y Snails Crossing pero tienden a evitar la calle Holton. Piensan que puede ser peligroso pero dicen que Riverwest no está tan infestado de pandillas como el sur. La regla de Pedro es que si encuentra niños que sean problemáticos, es mejor si él los enfrenta y no les da la espalda para escaparse. La regla de Abneris es que ella necesita saber realmente como es una persona antes de que ella decida ser su amiga. Ella no entablará una amistad con cualquier persona.

Una experiencia muy impresionante para ellos fue cuando se quemó el edificio donde viven. Fue a principios de septiembre. Su mamá estaba trabajando y su padrastro, Luis y el resto de la familia estaban durmiendo en su apartamento de 2ndo piso. Eran las 6 de la mañana cuando los vecinos empezaron a gritar. Abneris saltó de la ventana trasera a los brazos de un vecino, mientras que Pedro saltó a un matre que otro vecino puso. El cayó seguro pero todavía tiene una cicatriz donde le cortó un pedazo de vidrio de la ventana que explotó. Todo eso pasó antes de que llegaran los bomberos. Para oir a Pedro y Abneris contarlo, fue un caso de vecinos al rescate.

Algo bueno que salió del fuego fue que su familia conoció a sus vecinos. Pedro y Abneris se hicieron amigos de Patrick y Sativa que viven el la calle Clarke y ahora ellos a menudo ayudan a cuidar a los niños Bodhi Satva y Robin. Pedro y Abneris quizás esten muy lejos de la isla tropical donde nacieron, pero ellos vienen de un círculo familiar muy fuerte y ellos, como innumerables otros niños inmigrantes antes de ellos, hacen una nueva vida para sí mismos en estas calles norteñas e industrializadas.

Riverwest Currents online edition – February, 2006